La industria Cannábica en Uruguay, entre la regulación y la apertura al mundo

La regulación del cannabis en Uruguay es pionera y conservadora al mismo tiempo.

Uruguay se convirtió formalmente en el primer país del mundo en legalizar el cannabis para consumo no medicinal en diciembre de 2013, a través de la Ley 19.172.

Sin embargo, no fue hasta 2017 donde empezó a ponerse en marcha la regulación que estableció la normativa.

La legalización del cannabis en Uruguay, a pesar de haberse formalizado durante los llamados gobiernos de izquierda (Pepe Mujica y Tabaré Vázquez), ya había sido planteada en 2001, por el presidente liberal Jorge Batlle. En la actualidad, bajo el Gobierno de Luis Lacalle Pou, también se ha ido flexibilizando y avanzando con el cumplimiento de la normativa.



Por lo tanto, la legalización de la marihuana en Uruguay no está ligada a la dirigencia política de turno sino, más que nada, a un modelo de sociedad y de país.

El ingeniero agrónomo y Director del Museo de Cannabis, Eduardo Blasina, afirma que Uruguay al ser un país más chico puede controlar de manera más eficiente la legalización de la marihuana sin infiltraciones del narcotráfico. Además, la estabilidad política y económica, la historia de trazabilidad de productos y la laicidad son algunos de los motivos que permitieron esta apertura.

“Uruguay ya tiene una historia de experimentar con legislaciones que todavía no están en los países vecinos y que dan ciertas libertades y derechos y que, después que se implementan, y se sabe que funcionan bien, se van adoptando en otros lugares”, señala ante El Economista.


Legalización pionera pero con prudencia

Se ha sostenido que la regulación del cannabis en Uruguay es pionera y conservadora al mismo tiempo. Si bien se puede acceder a la marihuana a través del autocultivo (con un máximo de 6 plantas por hogar), a través de clubes cannábicos (con un máximo de 99 plantas) y a través de las farmacias registradas, sigue habiendo un control muy fuerte por parte del Ministerio de Salud Pública.

Además, la propia Ley 19172 prohíbe expresamente en el artículo 11 todo tipo de publicidad, promoción, auspicio o patrocinio de productos cannábicos psicoactivos. La obligación de estar registrado también es un desincentivo para aquellos que prefieren conservar su anonimato, aunque en la actualidad parece haber voluntad política de ir eliminando algunas de estas obligaciones.

El consumidor de marihuana en Uruguay puede retirar hasta 40 gramos por mes, lo que equivale a varios “porros” mensuales. Al no ser de consumo repetitivo como la nicotina, la cantidad se considera generosa.


Además del uso recreativo, a nivel médico se permite el uso de cannabinoides integrados ya a la medicina convencional para el tratamiento de migrañas, epilepsia y Parkinson entre otras enfermedades. Con ese propósito se creó la Sociedad Médica de Endocannabinología que funciona desde 2017.

En cuanto a la exportación del producto, a principios de 2020 se destrabaron las ventas al exterior. Esto fue vital para las empresas que venían cosechando sin posibilidad de colocar su producción de cannabis no psicoactivo, es decir, el que tiene menos de 1% de THC (tetrahidrocannabinol) y es considerado un producto agrícola como cualquier otro.

Según datos oficiales, en Uruguay hay 120 empresas vinculadas a la industria del cannabis y emplea a más de 1.000 personas, siendo relevante la mano de obra femenina en este rubro sobre todo proveniente del medio rural.

Blasina dice que Uruguay es absolutamente pionero en el sentido de que fue el primero que legalizó y el primero de América del Sur en entrar a Suiza, un mercado exigente.

Sin embargo Uruguay tiene que actualizar su legislación para no quedarse atrás con países competidores, principalmente Ecuador y Colombia. “Hay un universo de posibilidades dado que la demanda es creciente pero la legislación es irregular”, agrega.


La venta al mundo y el turismo

La oferta del cannabis uruguayo al mundo se da fundamentalmente de dos maneras. A través de las exportaciones y a través del turismo cannábico, aunque este aún está en desarrollo.

No quedan dudas de las ventajas de la comercialización. Las razones económicas son muy obvias. Para Blasina es un producto que ha sido prohibido absurdamente, que no tiene ningún peligro visible y tiene multiplicidad de prestaciones y una demanda que crece explosivamente en todas partes, gente culta que quiere comer o ponerse una ropa hecha con fibras naturales o usar un papel que tiene cierta historia.


Alemania, luego de Angela Merkel, podría convertirse en un importante comprador ya que la nueva coalición de Gobierno parece decidido a legalizar la marihuana

Tanto Uruguay como Argentina son exportadores de productos de tierra y de alta calidad, por lo tanto frenar el desarrollo de la industria cannábica no tendría ningún sentido.

En cuanto a los países que más compran se encuentran Israel y Suiza. Sin embargo, Blasina destaca que Alemania, luego de Angela Merkel, podría convertirse en un importante comprador ya que la nueva coalición de Gobierno parece decidido a legalizar la marihuana.

Hasta el momento entrar a Suiza es más fácil porque acepta 1% de THC como Uruguay, luego lo diluyen y lo reexportan. Oficialmente la Unión Europea acepta hasta 0,3% de THC, pero si Alemania se llegara a incorporar al 1% sería una oportunidad más que interesante.